Björn Kuipers, el árbitro millonario que pitó la Final de la Euro 2020

Björn Kuipers © Twitter Björn Kuipers

La Final entre Italia e Inglaterra selló el último duelo de la Eurocopa, pero con varias particularidades a destacar en el encuentro, como el árbitro Björn Kuipers, el juez central del encuentro.

El neerlandés de 48 años es uno de los nazarenos más peculiares del Viejo Continente, ya que desempeña su función en el fútbol por hobby, más no por necesidad.

Björn Kuipers, el árbitro millonario que pitó la Final de la Euro 2020

Y es que, Björn lleva una carrera de empresario a la par, en especifico el manejo de varios supermercados en su país.

Su abuelo y padre le heredaron el negocio, una cadena de tiendas de abarrotes que es de las más famosas en Países Bajos.

Incluso, en 2014, se asoció con una de las grandes empresas de Holanda, para poder tener más sucursales.

Junto a su esposa expandió el negocio por todo el territorio holandés, por lo que hoy posee una riqueza monetaria que le permite vivir de manera tranquila.

A la par de estudiar arbitraje, Kuipers cursó la carrera de gestión de instalaciones en la Universidad de Ciencias Aplicadas y también administración de empresas en la Universidad de Radboud.

Además de los supermercados, el nazareno tiene una franquicia de barberías, así como varias villas de hospedaje en Frisia, una de las islas más exóticas en Holanda.

Se estima que el árbitro posee una riqueza que supera los 15 millones de dólares, todo entre ganancias empresariales y su desempeño en el deporte.

Björn ha tenido la fortuna de pitar grandes duelos en Europa, como Finales de Champions League, Europa League, así como encuentros relevantes en la Eredivisie.

Fue futbolista rebelde

Durante su juventud, Kuipers jugó por varios años fútbol profesional. Sin embargo, contrarió a lo que parecería, el holandés era un jugador rebelde con los jueces, a quienes les cuestionaba en todo momento las decisiones que tomaban.

De hecho, esa convicción de saber sobre arbitraje, lo llevó a dedicarse a esta profesión, con la fiel convicción de un día convertirse en el mejor nazareno del mundo.

“De joven jugaba al fútbol y no era el más amable con los árbitros. Mi padre era árbitro y me dijo: ‘Si lo sabes todo, haz un curso de arbitraje y hazlo tú mismo’. Así que lo hice, y a partir de ahí empezó todo. Le estoy eternamente agradecido por lo que me dijo.

“Cuando empecé me di cuenta de que me gustaba mucho el arbitraje, pero al principio nunca tuve objetivos. Lo que me ayudó fue que tuve las personas adecuadas para guiarme en el camino. Empecé a cambiar mi forma de pensar y a marcarme objetivos claros cuando tuve la suerte de ascender a la élite”.

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